A causa de la caída de Adán, la naturaleza humana ha sido corrompida integralmente en mente, voluntad y afectos. Esto no significa que toda persona sea tan malvada como podría llegar a ser, ni que sea incapaz de realizar actos de bien civil o social. Significa que, en su condición caída, el ser humano está espiritualmente muerto y es incapaz de iniciar, desear o producir por sí mismo aquello que conduce a su propia salvación sin la obra regeneradora previa del Espíritu Santo.
Génesis 6:5 · Efesios 2:1–3 · Romanos 3:10–12